La dieta universal y simple de cerrar la boca

Estragos de las minas antipersonales sembradas por los Cubanos en Angola y otros paises de Africa Foto Gervasio Sanchez
Estragos de las minas antipersonales sembradas por los Cubanos en Angola y otros países de Africa Foto Gervasio Sanchez
Estragos de las minas antipersonales sembradas por los Cubanos en Angola y otros paises de Africa Foto Gervasio Sanchez
Estragos de las minas antipersonales  sembradas por los Cubanos en Angola y otros países de Africa Foto Gervasio Sanchez
Estragos de las minas antipersonales sembradas por los Cubanos en Angola y otros países de Africa Foto: Gervasio Sanchez

Siempre les cuento a mis amigos cuando estando en África llegó a nuestro grupo un reportero deportivo a quien habían enviado como corresponsal de guerra, Sergio, se llama o se llamaba.

Yo lo fui a buscar al terraplén de la pista para llevarlo al campamento y por eso nos conocimos y hablamos un poco por el camino. El periodista al llegar era rechoncho, de mediana estatura.

Al cabo de meses después de aquello, estaba yo parado junto a un vehículo conversando con unos amigos y pasó cerca de nosotros un flaco cuya cara me pareció conocida. Después que el tipo se había alejado ya como 20 pasos se viró de pronto hacia nosotros y gritó: “¡B… A…! ¿Teniente B… A…? Soy yo, Sergio.”

Era Sergio, el reportero deportivo cargado con todos esos andariveles que debe llevar uno en una guerra en las , más flaco que un güin de caña y hasta en apariencia más alto del que yo había recogido hacía meses en la pista.

No había personas gordas en aquella guerra en las sabanas de África. No había comercios donde comprar nada y la ración de la tropa estaba estrictamente limitada a la supervivencia humana bajo cierta actividad diaria y repetida por meses. Los abastecimientos llegaban una vez a la semana –y a veces podía fallar-y eran recibidos y custodiados por un destacamento de servicio fuertemente armado integrado por gentes de malas pulgas.

¿Había dieta? Si la había: la dieta de no tener algo de comer a mano cada vez que nuestro caprichoso estómago daba la orden de rellenarlo.

By Cazamentiras.Com

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